Analytica

El posible impacto en Argentina de las elecciones en Brasil.

Por Julio Burdman.

Ya estamos a menos de un mes de las elecciones presidenciales brasileñas. El próximo 7 de octubre tendrá lugar la primera vuelta. Y dada la fragmentación que muestran las encuestas, es casi seguro  que se realizará una segunda vuelta definitoria, prevista para el 28 del mismo mes. Además de presidenciales, se renovarán representantes ante el Congreso Nacional, gobernadores y vicegobernadores, y legisladores estaduales y del Distrito Federal.

Se trata de la primera elección nacional que se realizará en este país tras el controvertido impeachment a Dilma Rousseff, a poco de iniciar su segundo mandato. En diferentes oportunidades, la oposición al presidente Michel Temer (ex vicepresidente de Rousseff, y uno de los artífices de su destitución) pidieron elecciones presidenciales directas y anticipadas. Pero el Congreso, basamento del actual gobierno federal, bloqueó esa posibilidad. Temer, a pesar de su debilidad de orígen y su impopularidad, logra completar su presidencia hasta el primero de enero de 2019. Fecha en que asumirá su sucesor, o sucesora.

Las encuestas siguen planteando un escenario abierto. La “puñalada” al candidato Jair Bolsonaro y la definitiva exclusión de Lula del menú de candidato parecieran haber tenido impactos menores, pero no modificaron sustancialmente el escenario de atomización. En los sondeos de la última semana de agosto aún encabezaba Lula (PT) la intención de voto, con alrededor del 33-35% de las preferencias, y era seguido por Jair Bolsonaro (PSL) con 21-22%, dependiendo de la fuente; en tercer lugar venían Marina Silva (RED) con 9% y Ciro Gómez (PDT) con 8%.

Ya sin Lula los datos cambiaron un poco. Para la consultora FSB, Jair Bolsonaro quedaba primero con 24%, seguido por Marina Silva con un 15%. El elemento que modificaba los escenarios era la inclusión de Fernando Haddad, el candidato del PT apoyado por Lula, en la grilla: con éste último incluido, Bolsonaro quedaba con 21%, Haddad con 13% y Marina Silva y Ciro Gómez empatados en el tercer lugar con 10%. Para Ibope el pronóstico con Haddad era similar: Bolsonaro tenía 20%, Haddad 14% y Ciro Gómes10%. Ya con Bolsonaro apuñalado, el viernes 7 de septiembre Ibope publicó una encuesta que ubicaba a Bolsonaro con 26%, seguido por Marina Silva y Ciro Gómes con 12%, Alckmin -relegado hasta ahora por los sondeos publicados- con 9% y Haddad  con 6%.

G1_490

Demasiados números de diverso origen. Todo indica que Bolsonaro quedará primero y entrará al ballotage. Ninguna de las opciones antes mencionadas es ideal para Mauricio Macri. El candidato preferido del mandatario argentino es Alckmin, apoyado por el PSDB y buena parte del PMDB, pero hoy hay más probabilidades de una segunda vuelta entre Bolsonaro y un candidato de centroizquierda.

Las mismas encuestas indican que quien salga segundo el 7 corre con ventajas para el 28, porque el candidato del PSL, caracterizado por su discurso violento y el fanatismo religioso, tiene una tasa de rechazo superior al 60%. Es difícil ubicar ideológicamente a Bolsonaro y algunos analistas sostienen que detrás de sus provocaciones nacionalistas se esconde un conservador de ideas económicas más bien convencionales. Sin embargo, no hay que soslayar el hecho de que la tradición política que Bolsonaro reivindica en su discurso -el nacionalismo desarrollista de la dictadura 1964/1984  y la idea del “destino manifiesto brasileño”- nunca fue buena para la Argentina. Ese nacionalismo brasileño, que parecía enterrado con la democratización de 1985, implica desconfianza hacia los países vecinos y la integración, competencia regional sin cooperación, y protección agresiva al empresariado brasileño para exportar. La suma de Bolsonaro y Trump sería altamente problemática para la economía argentina. SIn dudas, para el gobierno de Macri un candidato de centroizquierda moderada como Gómes o Silva sería mejor que Bolsonaro. Sin embargo, que haddad llegue a la segunda vuelta y le gane a Bolsonaro tampoco es un buen reflejo para Cambiemos: será leído por la opinión pública y los observadores internacionales como un retorno del “populismo progresista”, que a nivel local está emparentado con el kirchnerismo.