Analytica

Pronósticos 2020

Por Julio Burdman

Representantes regionales del Fondo Monetario Internacional (FMI) tomaron contacto con diferentes líderes de la oposición pan-peronista. Tanto de su ala kirchnerista como del peronismo alternativo. Hubo varias reuniones. Tiene sentido: estamos en un año de elecciones presidenciales, nadie sabe qué ocurrirá en ellas (como sí ocurrió en 1995 o 2011) y el organismo financiero internacional tiene un acuerdo marco con el Estado argentino que va a prologarse más allá del actual periodo presidencial de Mauricio Macri. De hecho, el año 2020 va a ser clave en lo que hace a cumplimientos de pago.

Los técnicos que evalúan la marcha del acuerdo y de la macro observan dos grandes variables: capacidad y voluntad de cumplimiento de las obligaciones contraídas. Capacidad depende de un amplio conjunto de indicadores cuantitativos, y requiere contar con información de buena calidad; la voluntad -clave, sin dudas- es el dominio del análisis político.

Reunioncita politico

Los enviados del Fondo fueron a evaluar esto último. Saben que todos los políticos argentinos de los partidos mayoritarios tienen algún grado de compromiso con lo pactado -sin acuerdo, caemos en cesación de pagos-, pero más allá de lo general, fueron a buscar los detalles. Desde el punto de vista de los técnicos del Fondo, ninguno de los dirigentes argentinos -ni siquiera el equipo económico de Cambiemos- tiene un compromiso óptimo con los términos del acuerdo. Todos advierten que hay límites en el ajuste, y que hay que respetar los ánimos sociales. Fueron a escucharlo de boca de los protagonistas, para hacerse una idea más clara -y ponerla, seguramente, en un memo dirigido al directorio sobre la sustentabilidad del acuerdo firmado.

Por un lado, la sola ocurrencia de este conjunto de encuentros implica el reconocimiento de que el escenario electoral está abierto; en 1995 o 2011 no hubieran perdido el tiempo. Por otro lado, nos recuerda que ni la burocracia -los técnicos de carrera- del FMI ni la mayoría de los integrantes del directorio tienen compromisos o simpatías particulares por ninguno de los actores políticos del país. Todos dan igual. Hay algunos directores que sí están más involucrados en la dinámica política sudamericana, como el de Estados Unidos y algunos países europeos: para ellos, por razones no económicas, sí es importante que Mauricio Macri logre reelegir.

Sin haberlo leído, podemos presuponer que en el memo dirigido al directorio se dirá que los representantes del oficialismo y del peronismo alternativo expresan más voluntad de cumplir con las metas cualitativas -las “reformas económicas e institucionales”- que en los del kirchnerismo. Aunque al medir Voluntad, los técnicos del Fondo también evalúan las capacidades de implementación: que las contrapartes estén dispuestas a seguir las indicaciones, y en condiciones de hacerlas efectivas.

Por eso les interesa tanto la posición de los legisladores y jefes de bloque. Quieren saber qué tipos de acuerdos parlamentarios pueden lograrse, y cuán permeables estarán los bloques del año 2020 a las propuestas de austeridad que ellos vienen a plantear. Esta última trama es algo más compleja que la mera  prognosis de quién ganará la Presidencia. Al FMI le interesa el conjunto de la dirigencia política argentina. Son conscientes, por la experiencia acumulada, que en una democracia solo con grandes entendimientos en la dirigencia se pueden implementar los duros requerimientos que este tipo de acuerdos traen aparejados.